defiende el enfoque de género

el polifacético periodista justo linares nos regala un magnífico relato  sobre la biblioteca nacional.

YO, EL 2131

Día del Usuario de la Biblioteca Nacional del Perú.

Publicado: 2017-05-27

Por Justo Linares*

Señoras y señores:

Quiero, en primer lugar, agradecer la enorme gentileza que ha tenido el señor director de la Biblioteca Nacional del Perú, doctor Hugo Neyra, y su distinguida colaboradora, la señorita Celinda Barreto Flores, al brindarme la oportunidad de participar en la celebración de hoy e inaugurar este honroso título de Usuario del Año. Esta es también una importante ocasión para expresarme por primera vez en la vida en este recinto en donde reside y se mantiene viva la producción intelectual más importante de los hombres y mujeres del Perú y del mundo de todos los tiempos.

Soy usuario desde que era un niño, en 1948. Mi familia vivía en el campamento minero de Atocongo, desde donde me trasladaba a diario a estudiar aquí a la vuelta, en la calle de La Virreina, en el Colegio Moderno del inolvidable profesor Bernardino J. Cabrera.

Fue él, don Bernardino, quien dándonos un jalón de orejas nos indujo a venir a este templo del saber. El maestro Jorge Basadre, nunca más afortunado que entonces, mandó colocar a la entrada de la Biblioteca la placa donde se lee “Las puertas abiertas de este recinto dan acceso a la cultura de todos los tiempos”. Esa fue la frase que capturó mi inquietud y me persigue como sombra. Y si es absolutamente cierto que nada hay nuevo bajo el sol, ese sol alumbra mejor al Perú, desde aquí.

Me inscribí y logré hace 58 años el Carnet Número 2131. Jamás hasta entonces aprecié un honor más grande. Era como si a mis 12 años de edad, la mejor institución del Perú me hubiera concedido un diploma de honor. La dicha la compartí primero con mi familia y, luego, mostré ese título magnífico y magnánimo a mis amiguitos de la cantera de Atocongo. De allí en adelante desplacé mi nombre para identificarme sólo como “el 2131”.


la biblioteca, desde el punto de vista de un lector impenitente como justo linares.

Aquel encuentro con la Biblioteca Nacional del Perú, fue una verdadera obra de magia. Los niños ingresábamos a unas salas que colindaban con la puerta lateral izquierda contigua a la calle Estudios, cuarta cuadra del jirón Ucayali. Nos esperaban unas damas especialmente bondadosas, todas con mandil beige. Nos atendían con pródigo interés. Los viernes por la tarde hacíamos rueda para escuchar lecturas adecuadas; y, luego, nos encandilábamos viendo cine. Una maravilla.

Cuando yo llegué a este recinto, hacía pocos meses que se había inaugurado el local devastado por el incendio de 1943; de modo que por alguna circunstancia del destino, fui el personaje central del rodaje de un documental informativo sobre el departamento infantil de la Biblioteca. Años después pude ver esa crónica filmada bajo la dirección del recordado periodista y cineasta Franklin Urteaga. .

Ahora bien, tengo exactamente la misma impresión que tuvo el maestro Basadre cuando en sus memorias ha escrito que si bien es cierto que San Marcos le orientó hacia su vocación de historiador, aquí en este recinto encontró su destino como tal. Quiero confesar por vez primera, que mis mejores artículos editoriales en todos los periódicos donde he laborado, fueron estructurados aquí. En este recinto he enhebrado, también, los datos que me han servido para mis crónicas del recuerdo en lo político, lo económico y lo deportivo, que han sido los tres rubros que me han dado más éxito en mi vida periodística.

Quiero ahora darme la licencia que me otorga esta tribuna donde he recobrado la voz, para expresar mi preocupación por el cambio de nombre de este local. Con modestia pero con sinceridad; con humildad pero con preocupación, digo que más propio hubiera sido denominar a la nueva sede de San Borja como Biblioteca Pública de Lima. El local de la atestada avenida Abancay donde estamos, tiene los méritos suficientes para conservar la calidad de faro intelectual que le brinda el ser la Biblioteca Nacional del Perú. Sí señores, del Perú y no solo de Lima. Si bien es cierto que San Martín la creó como Biblioteca Pública de Lima, sus antecedentes históricos y el correr del tiempo le han dado el valor suficiente para ser el eje de la intelectualidad peruana, bajo el nombre de Biblioteca Nacional del Perú.

Por este local tan querido para nosotros, tan vapuleado por el tiempo, rondan los espíritus de los jesuitas que aquí establecieron en 1568 el Colegio de San Pablo y su biblioteca organizada por el Padre Portillo. Por aquí se pasea el alma del impresor turinés Antonio Ricardo quien, en 1584, estableció la gloriosa primera imprenta de Sudamérica. De aquella máquina maravillosa salió el primer libro que alumbra con orgullo la inigualada calidad intelectual de los peruanos.

Por aquí nos rondan las ánimas de pensadores y escritores como Bartolomé Herrera, Gonzales Vigil, Odriozola, Mendiburu, Manuel Gonzales Prada, Ricardo Palma y Jorge Basadre. Un conciliábulo que reúna a estos grandes peruanos, al cual debería unirse la figura de mi maestro Raúl Porras Barrenechea, quien sin haber sido director de la Biblioteca Nacional tuvo inmensos méritos para serlo, ese conciliábulo, digo atrevida e inocentemente, podría decidir el cambio de nombre y devolverle a éste el título unívoco que inequívocamente le ha dado la República del Perú.

No digo más respecto de este asunto. Sólo quiero desde aquí, desde donde aún se huele el papel quemado por el cruel incendio de 1943; aquí en donde en 1881 el invasor quiso vanagloriarse verdaderamente de su victoria guerrera, convirtiendo este sagrado recinto en cuartel de su caballería para significar que este era su mejor triunfo sobre el Perú; desde este pesebre de la intelectualidad peruana, desde esta Belén de la patria peruana, hago votos porque el Estado brinde mejor atención a la Biblioteca Nacional del Perú, a sus funcionarios y trabajadores. Que ella no siga siendo la mendiga del país. Que no la tengan postrada, olvidada ni maltratada.

Hago votos porque la vocación de los funcionarios y empleados de este recinto multiplique el interés de los peruanos de acceder a la alta calidad de usuarios.

Acabo de recibir el número 1357 que me acredita como investigador. Sin embargo, prefiero seguir siendo el 2131 porque encontré aquí un lindo hogar cuando niño. El 2131 que hubiera preferido como partida de nacimiento si mi madre hubiera querido venir a dar a luz en este local de la avenida Abancay y no en el distrito de Supe. El 2131 que, cuando Dios quiera apartarme de los demás mortales, donará su modestísima biblioteca y sus archivos a la casa privilegiada por Ricardo Palma, Gonzales Prada y Jorge Basadre.

Gracias.

Nota del editor: Este texto fue condenado al olvido por once años. También es Justo (Linares) quien lo ha sacado a la luz para beneplácito de sus fieles lectores. 

ES JUSTO: UN APUNTE FINAL

Acabo de leer la Memoria oficial del director de la Biblioteca Nacional, Cristóbal de Losada y Puga, correspondiente a 1948. Como lo digo en el artículo precedente, siempre me ufané de ser el "2131", número de mi inscripción, en 1948, en el Departamento de Niños de dicho repositorio nacional. Este Departamento fue creado durante la dirección de Basadre, en 1947.  

La Citada Memoria está insertada en el No. 8 de "Fénix", órgano oficial de la BNP en donde Losada cita el hecho que asumió la dirección el 13 de julio de 1948, encontrando que hasta ese momento estaban inscritos 2,767 niños lectores. Esto confirme que yo me inscribí en el curso del primer semestre de ese crucial año, razón por la que me dieron el apreciado número 2131 que añoro., es decir 636 menos que el número encontrado por Losada. Si nos atenemos al hecho que las inscripciones se iniciaron al abrirse el año escolar del 48, en el mes de abril, caemos en cuenta que en cada mes (hasta julio) se inscribieron 158 muchachos. Dividido este número entre 25 días que

comprende un mes laboral, tenemos que en cada día nos inscribimos 6 niños, cifra razonable que respalda mi dicho.

Es Justo.

Viernes 3 de noviembre de 2006

* Justo Linares acaba de pasar la barrera de los ochenta años de edad con una vitalidad de otra época. Estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha ejercido el periodismo con una pasión indescriptible. En su largo caminar la palabra amistad multiplica sus significados. Por suerte, Justo es de este planeta aunque parece que viene de otra dimensión, donde la palabra prevalece sobre cualquier manifestación humana y la fraternidad fluye con la naturalidad de un manantial.


Escrito por

wilder buleje

Periodista. Editor del blog: www.unavozunavez.blogspot.com


Publicado en

DE FACTO

Denuncias, noticias, actualidad y política.